Diseño

Charlotte Perriand: la mujer detrás de los muebles que Le Corbusier firmó

Charlotte Perriand: la mujer detrás de los muebles que Le Corbusier firmó

En 1927, una joven de 24 años llamada Charlotte Perriand llegó al estudio de Le Corbusier en París con una idea muy clara: quería trabajar con el arquitecto más influyente de su época. La respuesta de él fue inmediata y rotunda: "Aquí no bordamos cojines."

Semanas después, Le Corbusier visitó su apartamento. Vio el Bar bajo el techo de cristal que ella había construido en su ático —una instalación de aluminio, vidrio y metal que parecía sacada del futuro. Se disculpó. Y comenzaron diez años de colaboración que cambiarían la historia del diseño.

El problema es que esa historia se contó durante décadas con un solo nombre.

La Chaise Longue LC4 —esa pieza que Le Corbusier llamaba "la máquina de descansar" y que hoy reproduce Cassina— es de Charlotte Perriand. El sillón LC2 es de Charlotte Perriand. La silla giratoria LC7, los módulos de almacenamiento que estructuraban los interiores de las villas modernistas, la lógica ergonómica que hacía habitables los proyectos del arquitecto —todo eso es de Charlotte Perriand.

Lo que Le Corbusier construía por fuera, ella lo habitaba por dentro.

Perriand no era una asistente. Era la responsable de mobiliario e interiores del estudio, y fue ella quien introdujo materiales industriales —el acero tubular, el aluminio, el cuero— en el vocabulario del hogar moderno. Fue ella quien estudió la ergonomía del cuerpo humano para entender cómo debía inclinarse un respaldo o apoyarse un brazo.

En 1937 dejó el estudio y viajó a Japón, donde trabajó como asesora del Ministerio de Comercio e Industria. La Segunda Guerra Mundial la dejó exiliada en Vietnam. Allí, sin acero ni aluminio, trabajó con bambú. Nació la Tokyo Chaise Longue —una reinterpretación de la LC4 en materiales orgánicos que demuestra que su genio no dependía de los materiales, sino de la mirada.

Murió en 1999, a los 96 años, habiendo visto cómo el mundo comenzaba lentamente a devolverle su lugar.

Hoy sus piezas se venden en subastas por cifras extraordinarias. Sus muebles están en colecciones de museos. Su nombre aparece, finalmente, junto al de Le Corbusier en las etiquetas.

Tarde. Pero ahí está.

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